El poder de la amargura

perdonar

“Mejor es reprensión manifiesta que amor oculto.” Pr 27.5

Al leer este verso, los cristianos a veces pensamos que la reprensión pública es deseada por Dios. No es así, la reprensión pública es uno de los últimos recursos que usa Dios.
Este verso dice que por vergonzosa que sea la reprensión pública es mejor que el amor oculto, el amor que no se expresa.
No nos engañemos, según este versículo, obviamente es preferible el amor manifiesto que la reprensión pública.

El amor es el camino del Señor.
Como discípulos de Cristo, debemos hacer del manifestar amor nuestro mayor empeño hasta llegar a tener el corazón lleno del amor de Dios. De hecho, nuestro éxito de revelar el amor de Dios es la verdadera medida de nuestra espiritualidad.

El amor no puede permanecer oculto por mucho tiempo. Por su propia naturaleza, el amor no puede existir en secreto o vivir sin expresarse. Si el amor existe, se verá en mil maneras llegando hasta el corazón de la persona amada.

El amor, que en su interior es pasión por vivir en unidad, es demasiado fuerte como para ser disciplinado por el autocontrol. De hecho, ¿no se muestra exageradamente en los regalos no correspondidos, en sus muchos estímulos a pesar de los rechazos?

De manera similar, la amargura tampoco se puede ocultar. Una persona amargada no busca la unidad, sino la justicia. Una persona amargada es fuertemente impulsadoa por el robo no resuelto de su paz, de su reconocimiento o de sus posesiones. La amargura no es tan solo una herida que busca sanidad. La amargura es un fiscal que levanta un caso contra el culpable. Debido a que una persona amargada se une a la injusticia cometida contra ella, contínuamente está escuchando la voz de su dolor y por tanto contínuamente sigue abierta la herida por la ofensa que no ha perdonado.

Si sentimos que hemos caído presa de una experiencia amarga o de una injusticia, Dios no está en función de condenarnos por eso sino de salvarnos de ella. Incluso en este momento Su Espíritu intenta alcanzarnos para a liberar a las personas de esta carga insoportable del pasado.

He tenido muchas oportunidades para amargarme por injusticias. No todas mis heridas han curado al instante de perdonar. Jesús dijo: “Con vuestra perseverancia ganaréis vuestras almas” (Lc 21.19).
Al final, ser herido o sufrir una pérdida no es el problema. Pablo dijo que él “considera como pérdida todas las cosas”. El verdadero asunto es ¿podremos ganar a Cristo a través de los sufrimientos, pérdidas e injusticias? (Fil 3.8).
Dicho de otro modo: ¿podré seguir siendo yo sin deformarme por la ofensa que me han causado? y sobre todo ¿podré ser fiel a Dios y la gente que ha demostrado amarme durante esos momentos?

A veces, la sanidad de las heridas no fueron el resultado de que la persona que me hizo daño me restituyera, sino a que aprendí a confiar en Dios, quien juzga con rectitud.
Confiar nuestro caso a Dios es la única forma en que podemos evitar pagar mal con mal o permitir que una herida se convierta en amargura.

Los israelitas caminaban en el desierto sin agua y cuando finalmente la encontraron “no podían beber las aguas de Mara, porque estaban amargas” (Ex 15.22-23). Marah significa amargura. Cuando encontraron agua, no pudieron beberla. Entonces Dios le mostró a Moisés “un árbol; y (Moisés) lo echó a las aguas, y las aguas se volvieron dulces” (Ex 15.25).

Este madero arrojado a las aguas amargas es símbolo de la cruz arrojada sobre nuestras almas.

¿Cómo podemos vencer la amargura?
Perdonando, bendiciendo y dejando que el amor se perfeccione en nuestras vidas.

Escucha cómo Pablo manejaba la adversidad y las injusticias que le hacían:
Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la extraordinaria grandeza del poder sea de Dios y no de nosotros. Porque estamos afligidos en todo, pero no agobiados; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos; llevando siempre en el cuerpo por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Porque nosotros que vivimos, constantemente estamos siendo entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo mortal. (2 Co 4.7-11)

¿Qué ejemplos tienes de la bondad de Dios cuando fuiste muy injusto con alguien en tu vida?

Desde hace semanas estamos compartiendo en TNV el camino del perdón. No desaproveche sus aflicciones. Todo va a estar bien.

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