Culpabilidad es Deuda

La falsa culpabilidad es una trampa que consume nuestras alegrías y nos entristece sin motivo. Me da gusto ver a la gente reír y respirar con libertad. El sentido de culpa y la culpabilidad según la Biblia está directamente relacionada con el cobro de deudas. Cada vez que se siente culpabilidad es porque hay una deuda que pagar/cobrar.

“Se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.”
Mt 18.21-35

El siervo que se postra ante su rey pide clemencia. Este verbo griego, μακροθύμησον, ten paciencia, de μακροθυμέω significa dar una extensión al plazo o prorrogar. El siervo está diciendo: Señor, dame una prórroga y te lo pagaré todo. La idea del siervo acerca del perdón es una y la del rey al perdonarlo es otra. El rey le perdonó toda la deuda y lo soltó.
A veces tenemos una idea equivocada acerca del perdón de Dios. Pensamos que Dios nos ha dado una prórroga y que tenemos que seguir pagando (sentido de deuda) el daño, la faltas, u ofensas que hemos cometido contra Él. Dios como este rey perdonó la deuda y liberó al deudor. Dentro de esta parábola de Jesús hay un cuadro de las relaciones humanas. El perdón existe para el culpable y la culpa existe porque hay deuda que pagar o cobrar. El siervo tenía que pagarle al rey las deudas y a la vez tenía que cobrar deudas de su consiervo.

La culpabilidad es un cobro/pago de deudas. Esto nos ayudará cuando nos sentimos culpables y pensar ¿qué es lo que le debo? Cuando pecamos contra una persona decimos “me siento en deuda con él/ella”. O decimos ” creó que debo pedirle perdón”. A veces decimos: “le debo una excusa”, o decimos: ” le debo una explicación”.

Siempre que se sientan culpables, busquen qué es lo que deben a quién. No permitan sentirse culpables sin saber el motivo.

Jesús puso este concepto de culpa y deuda en la oración del Padre nuestro: “perdónanos nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores”.
¿Puedes verlo? Perdón-deuda. Hay un sentimiento de deber, de estar en deuda, un mecanismo interno por el cual los cobradores internos (verdugos) automáticamente se activan dentro de la persona. Cuando esto pasa, inmediatamente procuramos pagar las deudas que debemos o cobrar las que nos deben. Por ejemplo, si nos sentimos enojados con nosotros mismos decimos: “debo pagarlo todo”, o ” debo restituir le por lo que le hice”. Si la rabia es contra otra persona decimos: “me las va a pagar”. De esa manera se pone en marcha el proceso de cobradores internos, sentido de venganza, ira, que la Biblia describe como verdugos. Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas, Mateo 18:34-35.

El fallo en no reconocer o aceptar el perdón de Dios lleva a muchos cristianos a un frenesí de esfuerzo por conseguir pagar por el pecado cometido. Les asedia la culpa. Están prorrogando, no han comprendido el perdón de Dios. Tratan de sacrificarse y pagar la deuda a Dios. Motivamos por un sentimiento de culpa oran una hora más, leen un capítulo más, hacen un ayuno extraordinario… Prórroga, prórroga, prórroga.

Conozco cristianos consagrados que nunca se han perdonado un pecado del pasado. No viven hoy por estar presos de la culpa de ayer, de una vergüenza interna que los impide alcanzar sus sueños  y sus metas en Dios. Se conforman con la mediocridad. Mucho de la mediocridad tiene que ver con no considerarse merecedor del progreso porque todavía hay deudas que pagar del pasado. ¡Basta ya! Eso es incredulidad de no creer que el Hijo del hombre tiene poder de perdonar pecados en la tierra. “Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados(dijo al paralítico):A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.” Lucas 5:24

Cuando fallamos en aceptar el perdón de Dios, igualmente vamos a fallar en dar a otros el perdón, amor incondicional. El que no ha sido perdonado, no quiere, ni sabe, perdonar.

¿Cómo uno sabe cuando ha confesado verdaderamente una falta? … Cuando no da excusas ni explicaciones de por qué la cometió. Esa es la verdadera confesión. Ella cierra el ciclo de pecado repetitivo. Mientras no estemos convencidos de lo destructivo de nuestra conducta pecaminosa, la volveremos a cometer.
La confesión es convicción.

¿Es malo sentirse culpable? No es malo sentirse culpable. Cada vez que violamos la Palabra de Dios, se genera una emoción de culpabilidad diseñada por Dios para confrontarnos con el asunto que debemos lidiar. Cada vez que nos desviamos del camino del Señor, Su Espíritu nos da convicción y nos muestra qué estamos haciendo contrario a Su santidad. Este sentimiento de culpa es bueno porque es una señal de Dios de que nos hemos salido del camino y andamos por sendas peligrosas que destruyen nuestras vidas. Cuando no encontramos la razón exacta de por qué nos sentimos culpables es cuando estamos en problemas. El sentimiento de condenación no es de Dios. Dios específicamente le dice al creyente en qué ha fallado y cómo es que desea que caminemos.
“Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.” 2 Corintios 7:10.
Nuestro Señor no está en el negocio de hacernos sentir condenados, sino en el de limpiar nuestras vidas para que no nos desgastemos lidiando con la vergüenza y la culpabilidad. Desgastemos nuestras vidas amando.

Así los sentimientos de culpa son alertas protectoras para librarnos de consecuencias destructivas y sufrimiento futuro que siempre aparece tras la desobediencia. Hay un sentimiento de culpa que no está relacionado con Dios, Su ley, ni con el trato a nuestro prójimo. Es un falso sentimiento de culpa derivado de una equivocada manera de pensar. Este sentimiento no está basado en la realidad de Dios ni Su Palabras y sin embargo tiene efectos desastrosos. Generalmente la persona que más duro te trata eres tú. Hoy es un buen día para mirar a Dios en vez de seguir mirándose a uno mismo. “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.” Mateo 7:24-27

Para cerrar el tema de la culpabilidad quisiéra hacerte 3 pruebas que te ayudarán a saber si hay alguien a quién debes perdonar incluyendo a ti mismo.
1. Prueba del resentimiento. ¿Habrá alguien en tu vida a quien no estás dispuesto a perdonar y soltarle? ¿Hay alguien que todavía el sólo pensar en él o ella te causa resentimiento o dolor?
2. Prueba de la responsabilidad. Se mide por ejemplo así: si mis padres, mi esposa o esposo, mis hijos, la vida o Dios me hubieran dado lo que me debían dar no estaría ahora en estas condiciones. Es posible durante muchos años ser culpable de echarle la culpa a otros por los fracasos personales. Si cada vez que fallas escuchas una voz interior diciéndote: no te preocupes no es culpa tuya. Tú lo hubieras hecho bien si tal y tal… En muchas situaciones de la vida perdonar a otros y asumir la responsabilidad uno mismo son caras de la misma moneda.
3. Prueba del recuerdo y reacción emocional. ¿Reaccionas a una persona porque te recuerda a otra? Tú reacción a lo que te recuerda esa persona desata un resentimiento contra esta otra que nada tuvo que ver en el asunto. Esto es muestra de que hay necesidad de perdón.

Meditemos la Palabra de Dios, cambiemos y vivamos felices.

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