Padre santo, hoy venimos a ti con una intención: dar espacio a quienes lo necesitan. Aquellos quienes han sido heridos, y aquellos que sufren: los solitarios, los débiles, los desanimados. Venimos como un solo ejercito, la iglesia de Cristo, para guiarlos, abrazarlos, amarlos y ofrecerles consuelo durante esta sagrada temporada de esperanza.
Que tu misericordia les alcance a través de nosotros y todos aquellos vasos de honra que Tú has preparado. Deseamos llevarles en Tu nombre la luz y el calor de Tu Santo Espíritu. Nos disponemos a ayudarlos a sentir y saber que su dolor pronto tendrá fin. Mantenemos esta intención a favor de otros con fe y gratitud ante ti amado Dios. Su presencia en medio nuestro, es nuestra oportunidad de servirles. Cuando uno se duele todos se duelen pero cuando uno se cura, todos se curan. Glorifica el nombre de Cristo Jesús, Sanador y Salvador de nuestras almas, a través de esta comunidad fiel.
Padre santo, ante el dolor o el sufrimiento nos damos cuenta de que no podemos controlar nada más que nuestras propias decisiones. Tu silencio nos permite observar cambios que se desarrollan en la vida de los demás, y en las nuestras. Y nos preguntamos, ¿cómo puede pasar esto?
Al pasar el tiempo nos damos cuenta que los cambios barren los escombros, los trozos rotos de nuestras vidas en el ayer. Los cambios nos hacen avanzar. Nos damos cuenta que el cambio es la naturaleza de la vida. Padre nuestro, enséñanos a contar nuestros días, a sacarle el mayor provecho a cada uno para no volver a entrar en pánico otra vez. Pero si nos pasara, por favor, recuérdanos que cada vez que esto sucedió en el pasado, la vida continuó adelante. La alegría volvió y la esperanza siempre regresó.
En Cristo Jesús. Amén.

Leave a Reply