Para edificar es necesario trabajar en orden (Lc 13.28-33).
Para avanzar en la batalla un ejército necesita orden de las reglas de combate (Lc 11.14-23).
Para seguir el orden hay que saber a quién Dios ha puesto en autoridad. La autoridad puesta por Dios tiene el propósito de proteger y avanzar hacia un bien común (Ef 5.23,25).
Dios siempre pone a su pueblo bajo autoridad. Esta es una lección importante si queremos permanecer firmes contra el diablo y sus trampas (Ef 6.11).
A menos que aprendamos a obedecer la autoridad delegada por Dios jamás obedeceremos la autoridad directa de Dios, tendremos más derrotas que triunfos. Si no escuchamos a nuestros padres, pastores, maestros, no escucharemos ni obedeceremos a nuestro Señor Jesucristo.
¿Cómo puedo decir que obedezco a Dios que no veo cuando no obedezco a mis padres que veo?
¿Cómo puedo decir que obedezco a Dios que no veo cuando no obedezco a mis pastores que veo?
Si uno no puede someterse a la autoridad de un jefe en el trabajo, ¿cómo puede someterse a la autoridad de Dios? Los solteros y solteras piensan que no pueden esperar más sin casarse y entonces se casan con cualquiera aunque esa persona no practique una vida entregada a Dios. Luego sufren porque no su cónyuge no está interesado en servir al Señor. Esto es principio de dolores. Como se han comprometido en matrimonio, Dios no aprobará ninguna rebelión contra el esposo, ni tampoco ningún maltrato contra la esposa. Jamás podrán servir al Señor con la
libertad con que lo hubieran hecho si se hubieran casado con una persona temerosa de Dios.
Dios mantiene toda la creación bajo su autoridad. Llama a Sus hijos a vivir bajo autoridad. Un hijo independiente o autosuficiente que no se somete a la autoridad delegada de Dios jamás podrá hacer la obra de Dios en la tierra.
Cada hijo de Dios debe buscar alguna autoridad sana que obedecer para vivir en armonía con los demás.
¡Cuidado con la persona a cuya autoridad nos sometemos! No nos apresuremos a hacernos miembros de cualquier iglesia hasta estar seguros de que allí el amor fraternal, la humildad de Cristo, la santidad de Dios y el poder del Espíritu, estos 4 elementos, se manifiestan en esa congregación. Porque una vez que nos sometemos a esa autoridad es muy grave ante Dios que la desobedezcamos. Si desobedecemos la autoridad estamos abiertos a toda clase de ataque satánico e influencia maligna.
Cuando estemos en una situación donde tenemos que obedecer a Dios antes que a la autoridad humana que hemos aceptado porque dicha autoridad humana va contra los mandatos divinos, entonces debemos estar dispuestos a aceptar las consecuencias de desobedecer a la autoridad humana y esperar que Dios nos vindique. Por ejemplo, Daniel desobedeció el decreto del rey Darío al no postrarse para orar a él porque decidió ser fiel a Dios (Dn 6). ¿Cuáles fueron las consecuencias? Lo arrojaron al foso de los leones.
Daniel obedeció a Dios antes que a su gobierno, pero estuvo dispuesto a recibir el castigo del rey. Dios lo revindicó y salvó de la boca de los leones.
Satán es un oportunista, experto en estrategias de engaño del arte de la seducción.
Para Satán tener éxito, debemos ofrecerle la oportunidad con motivos y actitudes egoístas y pecaminosas que nos ciegan la razón y el sano juicio. Excepto las oportunidades que nosotros mismos creamos para él y sus demonios, ellos no tiene ninguna manera de afectar al ser humano. Solo cuando persistimos en practicar el pecado ofendiendo la santidad de Dios, entonces el diablo usa lo que hemos hecho contra nosotros mismos.
Por lo tanto, las preguntas que debemos hacernos para evitar la tentación son las siguientes:
¿Qué es lo que deseo y no creo que Dios supla de una buena manera?
¿Qué estoy buscando, sin tener en cuanta a Dios, para mi realización personal?
Las respuestas a estas preguntas apuntan a las áreas de tentación donde hay posibilidad de dar lugar al diablo.

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