El desarrollo de la espiritualidad en un mundo caído.

Espiritualidad

La Biblia define el concepto de mundo como el sistema filosófico imperante a partir de la separación del ser humano de su Creador. Cuando hablamos del rechazo de los valores mundanos, del lenguaje mundano, las costumbres mundanas, etc., nos referimos no al valor de la gente sino al sistema de pensamiento que saca la Vida (Dios) de la ecuación de la experiencia humana.

El ser humano fue creado para ser feliz a través de las relaciones (aspecto social) y a través del desarrollo experiencial del conocimiento de la verdad (aspecto personal).

Es posible para una persona ser feliz en el mundo, pero tiene que encontrar la felicidad del mundo superior para poder continuar con una experiencia de vida que le satisfaga. El mundo de la materia es un mundo limitado a deseos finitos (desear es algo bueno), pero por ejemplo, usted desea una carrera, estudia, saca el título y se terminó; usted desea una casa, trabaja honestamente, ahorra, compra la casa y se terminó; y así sucesivamente. En este sentido, el mundo de la materia es finito.

1 Juan 2:15-16 (NTV) 15 No amen a este mundo ni las cosas que les ofrece, porque cuando aman al mundo no tienen el amor del Padre en ustedes. 16 Pues el mundo solo ofrece un intenso deseo por el placer físico, un deseo insaciable por todo lo que vemos, y el orgullo de nuestros logros y posesiones. Nada de eso proviene del Padre, sino que viene del mundo.

Cuando el amor del Padre está dentro del alma, la persona es movida a continuar su crecimiento espiritual, aprende a desear virtudes y un estado más alto que donde se encontraba. El abandono de las cosas materiales no se hace de mala gana, al contrario, con mucho ánimo, como el mercader de perlas que vendió todo lo que tenía al encontrar la perla de gran precio. Lo que el Padre ofrece a quienes le buscan es el placer superior de conocer y seguir conociendo al Creador lo cual se manifiesta en una calidad de vida extraordinaria.

Cualquier cosa de esta realidad material, por placentera que sea, siempre es temporal, sea éxito, sexo, dinero, etc. Lo que el ser humano tiene que buscar es el placer infinito, lo cual no puede ofrecerse sino por un ser infinito: Dios. La persona en ese nivel de conciencia va a experimentar la vida intensa y permanentemente, aquí es donde puede decirse que ha alcanzado un nivel de desarrollo superior.

Quien ya es feliz en el mundo material, debe ser respetado en ese nivel, porque ya ha alcanzado, aunque temporalmente, uno de los propósitos de la vida: ser feliz. Lo que pasa con los despiertos es que no están satisfechos con su nivel y necesitan continuar su desarrollo espiritual para poder ser gente transformadora de su mundo. Esta gente se ha dado cuenta que el nivel donde están ya no les satisface y van a otro nivel de toma de decisiones y de calidad de vida. Pasar a otro nivel no los hace más ni menos felices que los anteriores, mas bien el placer del conocimiento experiencial lo que les motiva continuamente. En este estado la persona incorpora sus experiencias espirituales al mundo material, haciendo más feliz no solo su vida sino la de los demás. Como vemos, es un trabajo de introspección que nunca debe producir introversión. La manera más rápida de ser feliz es sirviendo a otros.

Cuidado de nos escudarnos detrás de un púlpito, ni detrás de una Biblia, porque aquí se detiene el crecimiento espiritual. ¿Cuándo la espiritualidad es patológica? Cuando busca en la espiritualidad un escape de lo que no puede soportar en la realidad material.

Romanos 12:2 (LBLA) “Y no os adaptéis a este mundo (siglo), sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable (agradable) y perfecto.

La solución está en una transformación en este orden: espiritual, mental, emocional, física y social; porque es en todas estas esferas donde se puede verificar la voluntad de Dios. Nunca debemos pensar que estamos creciendo si estamos rompiendo la relación con el otro. En cada etapa de desarrollo espiritual siempre hay que tener presente al buen samaritano. Es más fácil retirarse a un monasterio que agrietarse los zapatos con trozos de personas hechas pedazos en un mundo acelerado. Olvidar y escapar son procesos diferentes, el uno bueno, el otro malo. Se autoengañan quienes usan la espiritualidad como fuga de la realidad material. Así no nos enseñó Cristo Jesús.

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