Hemos estado compartiendo acerca del Reino de los cielos durante estas semanas.
Todo lo que la gente ha deseado está disponible, sólo que no de la manera que han pensado alcanzarlo, en palabras del Maestro: “tienen que arrepentirse”.
El ser humano fue creado para ser feliz a través de las relaciones (aspecto social) y a través del desarrollo experiencial del conocimiento de la verdad (aspecto personal).
Es posible para una persona ser feliz en el mundo, pero tiene que encontrar la felicidad del mundo superior para poder continuar con una experiencia de vida que le satisfaga. El mundo de la materia es un mundo limitado a deseos finitos (desear es algo bueno), pero por ejemplo, usted desea una carrera, estudia, saca el título y se terminó; usted desea una casa, trabaja honestamente, ahorra, compra la casa y se terminó; y así sucesivamente. En este sentido, el mundo de la materia es finito.
1 Juan 2:15-16 (NTV) 15 No amen a este mundo ni las cosas que les ofrece, porque cuando aman al mundo no tienen el amor del Padre en ustedes.
16 Pues el mundo solo ofrece un intenso deseo por el placer físico, un deseo insaciable por todo lo que vemos, y el orgullo de nuestros logros y posesiones. Nada de eso proviene del Padre, sino que viene del mundo.
Cuando el amor del Padre está dentro del alma, la persona es movida a continuar su crecimiento espiritual, aprende a desear virtudes y un estado más alto que donde se encontraba. El abandono de las cosas materiales no se hace de mala gana, al contrario, con mucho ánimo, como el mercader de perlas que vendió todo lo que tenía al encontrar la perla de gran precio. Lo que el Padre ofrece a quienes le buscan es el placer superior de conocer y seguir conociendo al Creador lo cual se manifiesta en una calidad de vida extraordinaria.
Cualquier cosa de esta realidad material, por placentera que sea, siempre es temporal, sea éxito, sexo, dinero, etc. Lo que el ser humano tiene que buscar es el placer infinito, lo cual no puede ofrecerse sino por un ser infinito: Dios. La persona en ese nivel de conciencia va a experimentar la vida intensa y permanentemente, aquí es donde puede decirse que ha alcanzado un nivel de desarrollo superior.
Quien ya es feliz en el mundo material, debe ser respetado en ese nivel, porque ya ha alcanzado, aunque temporalmente, uno de los propósitos de la vida: ser feliz. Lo que pasa con los despiertos es que no están satisfechos con su nivel y necesitan continuar su desarrollo espiritual para poder ser gente transformadora de su mundo.

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