Temas para hacer estudios expositivos acerca de la paternidad Dios reflejada a través de los pactos.
El pacto es la expresión del deseo de Dios y su forma de hacer de la humanidad su familia. “Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo… Yo seré para vosotros un padre, y vosotros me seréis hijos e hijas.” El objetivo final de la salvación es abrir la puerta a la vida familiar interior de la divinidad para que todo aquel que en Él cree la disfrute y la comparta. Los pasos para hacer un estudio expositivo están aquí.
Parentesco a través de un pacto: familia, amor y gratitud
A través del parentesco mediante pactos Dios establece un vínculo familiar sagrado con la humanidad. Lo hace a través de una serie de pactos que forjan lazos familiares. A diferencia de los contratos que implican un intercambio de bienes, los pactos exigen el intercambio de personas (“Yo soy tuyo y tú eres mío”), creando un vínculo de comunión interpersonal. Semejante a la diferencia entre el matrimonio (como pacto) y la prostitución (como contrato). Los contratos convierten a las personas en clientes, mientras que los pactos los convierten en cónyuges, padres, hijos, hermanos.
Subtemas: Dios como Padre, la Humanidad como Familia. El pacto matrimonial como la unión sagrada entre un hombre y una mujer. La familia sagrada aumenta a través de pactos sucesivos: de una pareja casada (Adán y Eva) a una familia (Noé y su familia), a una tribu (Abraham y su clan), a una nación (Israel a través del pacto de Sinaí), a un reino mundial (a través del pacto Davídico) y finalmente en el Nuevo Pacto. Cada pacto amplía los tratos de Dios y expande el concepto de familia.
Tabla de citas bíblicas principales
| Tema | Cita bíblica | Contenido clave |
|---|---|---|
| Creación de Adán | Génesis 2:7 | Dios crea al hombre del polvo y sopla aliento de vida |
| Mandato en Edén | Génesis 2:15-17 | Adán recibe el mandato de labrar y guardar el huerto |
| Creación de la mujer | Génesis 2:18, 21-22 | Dios crea a Eva de la costilla de Adán |
| Declaración de Adán | Génesis 2:23 | “Hueso de mis huesos, carne de mi carne” |
| La pareja sagrada | Génesis 2:24 | “Dejará el hombre a su padre y a su madre… serán una sola carne” |
| Pureza original | Génesis 2:25 | “Estaban ambos desnudos y no se avergonzaban” |
| Ratificación por Jesús | Mateo 19:4-6, Marcos 10:7-9 | Jesús cita Génesis 2:24 y afirma la indisolubilidad matrimonial |
| Relación Cristo-Iglesia | Efesios 5:31-32 | Pablo cita Génesis 2:24 como misterio de Cristo y la Iglesia |
| Pacto con Noé | Génesis 9:1, 9-17 | Dios hace pacto con Noé y su descendencia |
| Pacto con Abraham | Génesis 12:1-3; 15:5, 18; 17:2-7 | Promesa de descendencia, tierra y bendición |
| Pacto Sinaítico | Éxodo 19:5-6; Levítico 26:12 | “Seréis mi pueblo, yo seré vuestro Dios” |
| Nuevo Pacto | Jeremías 31:31-33; Lucas 22:20 | Dios crea un pueblo renovado en Cristo |
| Parentesco espiritual | Gálatas 3:26-29 | “Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” |
Fundamento de un pacto: crecimiento mediante juramento
Los pactos se hacen con juramentos. Un juramento es un compromiso muy solemne y legalmente vinculante, algo que no hace una mera promesa. El juramento muestra la seriedad del compromiso que Dios hace con la humanidad y la naturaleza sagrada de la relación que desea. Consistentemente Dios toma la iniciativa de establecer pactos para demostrar Su amor proactivo y su deseo de relación con el ser humano.
Unidad familiar en el diseño de Dios: instrucciones no arbitrarias
El asesinato de Abel por parte de Caín como ilustración del pecado en su función de romper la unidad familiar. La necesidad continua de unidad en un mundo fragmentado hace que el diseño divino de unidad familiar cobre sentido, sobre todo cuando la familia parece una colección de personas que persiguen intereses privados. El orden moral es necesario para la unidad. Las leyes del Pacto no son arbitrarias, sino que reflejan principios que gobiernan el orden moral y la vida interior de la divinidad. Estas leyes son un reflejo del carácter de Dios. Romper el pacto es perturbar este orden y dañar la unidad que Dios desea.
El pacto de Dios con Abraham: promesas y señales
El plan paternal de Dios para formar una familia incluye el bendecir al mundo entero a través del linaje de Abraham. Dios llamó a Abram (más tarde Abraham) con tres promesas incondicionales: hacer de él una gran nación, engrandecer su nombre y bendecir a todas las familias de la tierra a través de él. El pacto concierne a la tierra y la nacionalidad (Génesis 15) y se formalizó cuando apareció la forma de antorcha de fuego que pasaba entre los pedazos divididos de los animales. Este antiguo rito servía de juramento solemne, en el que Dios se sometía “a ser destrozado” si no cumplía su promesa. Aunque este pacto incluía una profecía de 400 años de esclavitud para los descendientes de Abraham, subrayó el compromiso de Dios de darles la Tierra Prometida. Dios asienta las bases para que Su familia tenga una herencia física. En Génesis 17, catorce años después, cuando Abram tenía noventa y nueve años, Dios le apareció de nuevo para renovar su pacto, ahora a través del pacto de la circuncisión. Fue aquí cuando el nombre de Abram fue cambiado a Abraham (padre de multitudes), y Sarai se convirtió en Sara (madre reina). El mandamiento de circuncidar a todo varón de la casa de Abraham servía como una señal visible y física de este pacto eterno. Otra vez, se muestra el amor inquebrantable de Dios al adherirse a Su plan específico para la familia. El pacto concerniente a la bendición del mundo entero (Génesis 22) ocurrió después de la última prueba de fe de Abraham: su disposición a ofrecer a su único hijo Isaac como ofrenda quemada en el monte Moriah. Como Abraham no retuvo a su hijo amado, Dios juró bendecir a todas las naciones por medio de la “descendencia” de Abraham. La fe inquebrantable de Abraham en este momento, confiando en que “el Señor proveerá”, resalta la relación basada en el amor y la confianza.
El pacto de Dios con Jacob: reafirmación de promesas
Dios extendió las bendiciones del pacto de Abraham a Jacob. Cuando Isaac bendijo a Jacob antes de que fuera a Labán, invocó la bendición de Abraham, diciendo: “¡Que él te dé la bendición de Abraham a ti y a tu descendencia contigo, para que tomes posesión de la tierra, que Dios le dio a Abraham!” Se aprecia la naturaleza intergeneracional del pacto de Dios y la transmisión de Sus promesas dentro del linaje familiar. Dios se le apareció a Jacob en un sueño en Betel, reafirmando las promesas que le había hecho a Abraham y le dijo : “Yo soy el Señor, el Dios de Abraham tu padre y el Dios de Isaac; la tierra en la que yaces te la daré a ti y a tu descendencia. Tu descendencia será como el polvo de la tierra, y te extenderás hacia el occidente y hacia el oriente, hacia el norte y hacia el sur; y por ti y por tu descendencia serán benditas todas las familias de la tierra. He aquí, yo estoy con vosotros y os guardaré dondequiera que vayáis, y os haré volver a esta tierra; porque no os dejaré hasta que haya hecho lo que os he dicho.”
El pacto en Sinaí: relación padre – hijo, revelación, liberación y misión
Tres meses después del éxodo de Egipto, los israelitas llegaron al Monte Sinaí donde Moisés recibió la declaración de Dios de que si Israel obedecía su voz y guardaba su pacto, serían su “posesión más preciada entre todos los pueblos… un reino de sacerdotes y una nación santa” El pueblo respondió: “Haremos todo lo que el Señor ha dicho.” Para establecer una relación íntima de padre e hijo con Israel, Dios se manifestó con señales poderosas en una nube espesa, truenos, relámpagos, un fuerte toque de trompeta y fuego. Después de esto, le entregó los Mandamientos, dando a Israel una nueva identidad y una forma de vida bajo el señorío de Yahvé. Entonces Dios entró en pacto con Israel a través de los sacrificios. Moisés tomó la sangre de los holocaustos y de las ofrendas de paz, arrojando la mitad sobre el altar (representando a Dios) y la otra mitad sobre el pueblo (representando a Israel). La sangre del juramento del pacto que los unía y además caería una maldición solemne sobre aquellos que lo rompieran. A través de este pacto, Israel declaró su compromiso de vida familiar con Dios, aceptándolo a Él como Padre y a ellos como Sus hijos, bajo el castigo de una maldición si fracasaban en vivir como sus hijos.
Libertad y dependencia: el camino del Señor
La dependencia es el fundamento de la libertad. Dentro de esta relación familiar, la verdadera libertad se encuentra en nuestra dependencia de Dios. Las instrucciones (leyes) y juicios de Dios en el pacto no pretenden ser restricciones opresivas, sino señales protectora de amor paternal, sabiduría y autoridad. Encontramos libertad al confiar en el cuidado y la dirección de Dios dentro del pacto. La obediencia a los mandamientos, dados dentro del pacto del Sinaí, son la declaración formal de dependencia de Israel en Dios en lugar de una independencia de la esclavitud egipcia. Esta dependencia de Dios a través de practicar la forma de vida establecida en las leyes estaba destinada a darle a Israel una nueva identidad y la forma de vivir bajo el señorío de Yahvé. La presencia de Dios, aunque abrumadora para los israelitas, era un regalo que ofrecía el potencial para una comunión profunda y verdadera. El rechazo de la dependencia de Dios puede llevar a una necesidad percibida de una forma menor de “libertad” que en realidad es separación. Así como ignorar la ley de la gravedad puede producir un grave daño físico, ignorar las leyes de Dios puede producir un gran daño espiritual. La obediencia no es una restricción de la libertad, sino el camino para que la libertad florezca dentro de la familia de Dios. Es la vía paternal de Dios para ayudar a Sus hijos a escoger la vida y disfrutar de Sus bendiciones.
Dedicación y liderazgo: Samuel
Dios visita al joven Samuel con un mensaje de juicio contra la casa de Elí y revela su intención de establecer una nueva línea sacerdotal. Dios muestra una participación activa en guiar a su pueblo de acuerdo con los propósitos del pacto, incluso cuando el liderazgo establecido falla. Después de que los filisteos capturan el Arca de la Alianza y Elí y sus hijos mueren. Samuel comienza su reinado como juez justo y llama al pueblo al arrepentimiento. El liderazgo de Samuel refleja el cuidado de Dios por su pueblo, brindando guía y justicia dentro del marco del pacto. A medida que Samuel envejece, tiene la intención de nombrar a sus propios hijos como jueces, pero como sus hijos son corruptos, aceptan sobornos y pervierten la justicia, el pueblo de Israel exige un rey y así ser “como todas las naciones.” Dios le asegura que el pueblo no lo está rechazando a él, sino que está rechazando a Dios como su rey. Por la insistencia del pueblo, Dios da instrucciones a Samuel para que les advierta de las consecuencias de tener un rey. Les habla, por ejemplo, del aumento de las cargas económicas. Sin embargo, el pueblo se niega a prestar atención a la advertencia de Dios e insiste en tener un rey que los gobierne y los dirija en la batalla. El papel de Samuel cambió al de un profeta que hace que el rey sea responsable de los mandamientos de Dios dentro del pacto.
El pacto de Dios con David: relación padre – hijo, gobierno eterno
A través del profeta Natán, Dios hizo varias promesas a David. Dios declaró: “Te haré un gran nombre, como el nombre de los grandes de la tierra,” eco de la promesa hecha a Abraham. Le prometió designar un lugar para su pueblo Israel, plantarlos para que no fueran molestados, y conceder a David descanso de todos sus enemigos. Le prometió que haría de David una casa (dinastía), que establecería un reino. Este vástago, Salomón, construiría una casa para el nombre de Dios, refiriéndose al templo. Dios declaró del descendiente de David: “Yo seré su padre, y él será mi hijo”, estableciendo un profundo vínculo familiar, revelando otra vez la intención de la relación de pacto padre – hijo que Dios tiene en mente, la cual va más allá de un mero contrato. Es apreciable el esfuerzo continuo de Dios para reunir a la raza humana después del daño causado por el pecado.
El cumplimiento del pacto en Cristo: Emanuel y la nueva creación
Cristo no se representa aboliendo los antiguos pactos de Dios, sino cumpliéndolos y llevándolos a su fin. Este cumplimiento es la máxima expresión del amor del Padre y de su persistente intención de formar una familia humana para compartir su amor. Cristo es el nuevo Adán que levanta la raza humana del pecado del primer Adán. Adán no pasó la prueba de la obediencia, pero Cristo, a través de su muerte, demostró obediencia perfecta, abriendo el camino para que la humanidad participe en la vida divina. La promesa hecha a Abraham de que todas las familias de la tierra serían bendecidas a través de su simiente encuentra su cumplimiento final en Jesucristo, el hijo de David, el hijo de Abraham. Cristo saca al pueblo de la esclavitud del pecado, así como Moisés sacó a los israelitas de la esclavitud de Egipto. Cristo como Hijo de David es Rey y su promesa de un reino eterno, se cumple en el Príncipe de Paz, rey de Israel. El Nuevo Pacto es ratificado por la ofrenda de sí mismo, la carne y la sangre de Cristo, uniendo permanentemente tanto a judíos como a gentiles creyentes en una familia universal. El Nuevo Pacto está basado en mejores promesas y ratificado por el juramento del Hijo de Dios, Jesús. El propósito del Nuevo Pacto es cumplir y expandir las manifestaciones terrenales del Antiguo Pacto hasta su máxima expresión. Es pueblo es descrito como la Novia de Cristo y su cuerpo, reflejando la unión íntima entre Cristo y el pueblo del Pacto. El plan de Dios desde el principio fue incluir a todas la familias de los hombres.

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