Espíritu, alma y cuerpo

alma

“La Palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos. Penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” (Heb 4.12b). Algunos piensan que este versículo enseña que hay una distinción entre alma y espíritu y que el ser humano consta de tres partes: espíritu, alma y cuerpo. En general, las Escrituras no parecen enseñar esto. Muchos pasajes usan los términos “alma” y “espíritu” indistintamente para referirse a nuestra parte espiritual (Is 26.9). Aquí el propio contexto de Heb 4.12 explica la relación entre estas partes. No está bien interpretar un verso fuera de contexto. Tanto las coyunturas como los tuétanos son partes de la misma naturaleza física del hombre, o sea, forman parte de la constitución física del ser humano.

Si la mención de partir coyunturas y tuétanos indican que hay separación en una parte de la constitución del ser humano, entonces en el alma y el espíritu también debe haber separación. Pero evidentemente coyunturas y tuétanos son parte de la misma constitución física nuestra. Aunque puede haber espacio para un concepto diferente de espíritu (veremos más adelante), en sentido general en la Biblia “espíritu y alma” son esencialmente dos palabras diferentes que se refieren a lo mismo, la parte inmaterial del ser humano.

Según el libro de los orígenes somos solo dos partes. Dios formó al hombre “del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida” (Gn. 2:7). Somos dos partes: una parte material y otra inmaterial. La parte material es llamada cuerpo, y la inmaterial es llamada de varias maneras: espíritu, alma, mente, pero la palabra más frecuente en la Biblia es corazón. Estas palabras se usan indistintamente para referirse a la parte inmaterial del ser humano.

La biblia enseña que los pensamientos, motivaciones, emociones, sentimientos y voluntad residen en el corazón, y este se expresa a través del cuerpo. Somos seres espirituales en una morada o tabernáculo terrenal. “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos.” 2 Co 5:1

La biblia enseña dos elementos constitutivos pero una sola persona o ser viviente. No es que yo tenga un cuerpo y un alma sino que soy cuerpo y alma, como dice la biblia: un alma viviente. “Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.” 1 Co 15:45
Vivimos en un estado de simbiosis de una parte material visible con una parte espiritual invisible.

En las Escrituras se usa indistintamente las palabras alma y espíritu. Tanto el alma como el espíritu sienten tristeza (Jn 13.21; Mt 26.38), sienten gozo (Is 61.3; Sal 86.4); tanto el alma como el espíritu pecan (Sal 32.2; Ez 18.4), necesitan salvación (1 Co 5.5; Stg 1.21) y son llevadas al cielo (He 12.23; Ap 20.4). Como vimos al inicio, la diferencia no está en la naturaleza de su esencia. Alma y espíritu se refieren a lo mismo en cuanto a naturaleza. No existe diferencia ontológica.

Ahora bien, en nuestros días se piensa que el alma está más apegada al cuerpo, o sea, que es carnal, y que el espíritu es más despegado del cuerpo o que es más espiritual. Esto no es lo que enseña la Biblia. Esta idea que el cuerpo es prisión del alma, y en consecuencia que el alma está más apegada al cuerpo viene de la filosofía dualista de Platón de Grecia antigua. La Biblia enseña que tanto el uno como el otro fue creado por Dios y todo lo que Dios creó es bueno en gran manera.

La palabra nephesh en hebreo, que es la palabra más común para referirse al ser interior, se traduce en la Biblia al menos en alrededor de 22 formas diferentes: alma, espíritu, yo, corazón, mente, persona, ser, consciencia, hasta 22 palabras diferentes se usan, pero siempre se refiere a lo mismo: el ser interior. La frase que usa Pablo es “hombre interior” (2 Co 4.16; Ef 3.16).
Como lo que tenemos a mano son traducciones de los originales griego y hebreo de la Biblia, al leer nuestras versiones ya estamos leyendo una interpretación de los traductores, quienes decidieron traducir la misma palabra de 22 maneras diferentes. No en balde se presta a confusión este asunto al tener tantos términos diferentes de la misma palabra.

Existe un yo interior invisible y un yo exterior visible. El interior se expresa a través del cuerpo (el exterior) en la manera que actúa, piensa, anda, habla, y siente. Por eso hoy lo que la psicología llama enfermedades desde una visión bíblica son meros síntomas de un asunto interior de un corazón que se expresa.

Somos un corazón (alma-espíritu) que se expresa a través de un cuerpo. Ambas partes componen al ser humano.
La parte inmaterial de aquellos que estamos en Cristo va a estar en gloria con el Señor, me parece imposible desde un punto de vista teológico dividir esos dos. Todavía no he encontrado lugar en las Escrituras donde pueda probar que alma y espíritu no sean términos que se refieren a la misma parte espiritual, al ser interior, lo que el apóstol Pablo llama “hombre interior”.

Un espacio para un concepto diferente del espíritu como separado del alma:
Nuestro Señor Jesús dijo: “el espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha” (Jn 6.63). Job dice: “El espíritu de Dios me hizo, Y el soplo del Omnipotente me dio vida.” (Job 33.4-6). El Espíritu de Dios imparte facultades al alma y capacidades al cuerpo. Estas facultades y capacidades van desde inteligencia, razocinio, pensamiento, emociones que el cuerpo experimenta hasta las funciones complejas de cada órgano, tejido y célula del cuerpo humano. El Espíritu de Dios es lo que da vida. Todo lo que hacemos con el cuerpo es una expresión del alma. El alma es el centro del intelecto y las emociones. Pablo pide que “todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible” (1 Tes 5.23), está implícito en este verso que tanto el espíritu, alma y cuerpo pueden corromperse. La manera de guardar el espíritu (la vida) es guardando el alma. Si se peca con el alma (pensamientos, deseos, actitudes) se peca con el cuerpo. Podemos guardar el espíritu de vida al vivir bajo preceptos morales y espirituales que dan vida al alma y mantener con cuidado y sana alimentación al cuerpo.

El asunto de si estamos constituídos por 2 partes (dicótomos) o 3 partes (tricótomos) se ha debatido ampliamente en la teología y hay mucho material para leer al respecto pero la tricotomía fue condenada en el Apolinarianismo como herejía. Apolinar de Laodicea (315 d.C.) obispo de Alejandría, Egipto, fue el promotor de este concepto. El apolinarianismo eliminó la distinción entre las dos naturalezas de Cristo. Argumentó que la mente y alma humanas fueron reemplazadas por una mente y alma divinas, salvando así la contaminación del Logos divino por cualquier pecado de la mente humana. Para explicar su posición, Apolinar introdujo la tricotomía de los seres humanos, un cuerpo físico, un alma que nos hace seres vivientes, y un alma “superior” a la que llamó “espíritu”. Apollinar enseñó que el Logos reemplazó al espíritu humano de Jesús. De modo que Jesús tenía un cuerpo y un alma humanos, pero un espíritu divino. Negó que el razonamiento de Cristo fuera humano comprometiendo la verdadera humanidad de Jesús. Si Jesús no tuvo un alma humana, no fue completamente humano, por lo tanto, no puede expiar el pecado de otros humanos.

Si pensamos que el alma es diferente del espíritu, y que el espíritu va a Dios al morir (Ecl 12.7) y el alma va a donde Dios le designe, ¿muere también el alma? porque si lo que da vida es el espíritu (Jn 6.63) y al morir la persona el espíritu abandonó el alma para ir a Dios, entonces el alma murió igual que el cuerpo (Stg 2.26), sin embargo, vemos en las Escrituras que el alma retiene sus facultades al morir el cuerpo. Si retiene sus facultades entonces no está sin espíritu de vida porque el espíritu le está dando vida para retener sus facultades. De ahí que hablamos de alma-espíritu. Si vamos a ser estrictos en lo que enseñan las Escrituras entonces tenemos que admitir que alma y espíriu son parte de una misma naturaleza, que alma y espíritu se refieren a la misma parte constitutiva del ser humano: su ser interior.

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