Un nuevo corazón

Uno de las revelaciones más grandes en el antiguo testamento es la necesidad del nuevo corazón, conocido en el nuevo testamento como la regeneración por el Espíritu o nuevo nacimiento. Los profetas que vieron al pueblo caer una y otra vez se percataron de que, como el problema estaba en el corazón, el único remedio posible tenía que venir del corazón.
Así clamaban a Dios porque a pesar de tener las instrucciones de vida (mandamientos) preferían morir en vida al desobedecerlos, sus corazones andaban errantes en tierra árida.

Jeremías 17:9 “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?”
Yahvé comienza a dar respuestas al problema del corazón, le dice a Jeremías:
Jeremías 31:33 “porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días —declara el Señor—. Pondré mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré; y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.”

A Ezequiel le dice cómo va a resolver el problema del corazón del ser humano:
Ezequiel 11:19-20
19 Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne,
20 para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios.

Ezequiel 36:25-27
25 Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré.
26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.
27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.

El corazón está tan corrompido que no se puede mejorar.
La única solución al problema del corazón es poner uno nuevo.
No hay autoayuda que pueda sanar el corazón, es necesario morir para vivir.

Un creyente verdadero es una persona que no existía antes, es una nueva creación.
2 Co 5.16,17
16 De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así.
17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

No se hace ningún bien pensando que sigue siendo la misma vieja persona que era antes de entregarse a Cristo para seguirle.
La vieja persona ya fue juzgada por sus delitos y pecados, y la sentencia divina fue: muerte.
La nueva vida, como toda nueva vida, proviene de la muerte.
Mientras persistamos en vivir nuestra vieja vida, con sus viejos modos y filosofías, poco habrá que nos distinga de los mundanos, paganos o incrédulos.
Si usted está en Cristo, usted tiene un nuevo corazón.
Lo que nos corresponde ahora es cambiar nuestra manera de pensar, nuestra filosofía de la vida para que se ajuste a la nueva creación espiritual:
Romanos 12:2
2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

El hombre natural no puede discernir las cosas espirituales. Su entendimiento está cegado, y sus deseos y sentimientos pervertidos. Y como este estado mental es una condición de su naturaleza, está fuera de poder y voluntad cambiarlo. El estado caído controla sus inclinaciones y su voluntad.
La regeneración se ve claramente en la comisión que Pablo recibió cuando se le dijo que había de ser enviado a los gentiles “para abrir sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios” (Hch. 26:18).
Jesús enseñó esta misma verdad cuando dijo a los fariseos, “¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer” (Jn. 8:43, 44). Los fariseos no podían entender, ni aun oír Sus palabras y encontrarles sentido. Para ellos Sus palabras eran necedad, locura; al extremo que le acusaron de estar poseído de demonios (Jn 8.48,52).
Hoy igual que ayer, sólo Sus discípulos pueden oirla y conocer la verdad (Jn 8.31, 32); los fariseos eran hijos del diablo (Jn 8.44), y esclavos del pecado (Jn 8.34), aunque se creían ser libres (Jn 8.33).
Este es el poder del engaño: la persona engañada no sabe ni se da cuenta que está engañada.
En otra ocasión Jesús enseñó que un árbol bueno no puede producir fruto malo, ni un árbol malo producir fruto bueno. El árbol bueno representa hombres buenos y el malo, hombres malos, esto significa que unos hombres son gobernados por unos principios mientras que otros son gobernados otros principios distintos.
El fruto de los dos árboles es obras, palabras, y pensamientos, los cuales, si son buenos, proceden de una naturaleza buena, y si malos; proceden de una naturaleza mala. Es imposible que una misma raíz produzca fruto de distintas clases.
No existe en el hombre un poder que le permita actuar de ambas maneras por la sencilla razón de que la virtud y el vicio no pueden surgir de una misma condición moral.

En base al principio de que ninguna cosa limpia puede salir de cosa inmunda (Job 14:4), todos los nacidos de mujer son considerados ‘abominables y viles’, a quienes sólo les atrae la iniquidad (Job 15:14-16). Por consiguiente, los hombres no tienen que esperar a llegar a la edad de responsabilidad moral para constituirse pecadores, sino que son apóstatas desde el vientre de su madre, y tan pronto que nacen se descarnan, hablando mentiras (Sal. 58:3); además, son formados en maldad y concebidos en pecado (Sal. 51:5). La inclinación de su corazón es malo desde su juventud (Gn. 8:21), y es del corazón que mana la vida (Pr. 4:23; 20:11). Las obras pecaminosas son, por tanto, la expresión del corazón natural, el cual es engañoso más que todas las cosas y perverso (Jer. 17:9)
Lo que ha hecho Cristo, como pueden notar, es algo muy trascendental, ha tratado con el problema desde su raíz, ha presentado una ofrenda eterna por nuestros pecados y ha dado su vida a cambio de la nuestra.
Podemos vivir por encima de las limitaciones, prejuicios y el pecado.
Vivamos de tal manera que disfrutemos y dejemos un legado de olor fragante a Dios.
Que la luz que arrojemos sirva a aquellos que vienen siguiendo nuestros pasos y al final seamos hallados fieles.

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