Un llamado a santificar lo cotidiano

Familia

¿Qué es vivir en santidad?
Un llamado a santificar lo cotidiano.

“Serás santo, porque yo, el Señor, tu Dios, soy santo”. (Lv 19.1; 20.26; 1 P 1.16)
Dios nos ordena no solo que seamos santos, sino que además nos da una lista exhaustiva de actividades con las que Él define la santidad. Al darnos pistas sobre el principio que rige las actividades podemos verdaderamente entender la santidad a la cual nos llama. Según esta lista (Lv 19-20), la manera en que nos involucramos en el mundo, manejamos las relaciones y las trivialidades de la vida diaria es lo que manifiesta la santidad. Esto es un estilo de vida santo. El redimir la vida cotidiana desde nuestra espiritualidad. Dios está profundamente involucrado en esto que llamamos “ordinario” y nos llama a santificar lo cotidiano.

Noten el tono de algunos de estos mandamientos:
Lv 19.11-18
11 “No hurtaréis, ni engañaréis, ni os mentiréis unos a otros. 12 “Y no juraréis en falso por mi nombre, profanando así el nombre de tu Dios; yo soy el Señor.

13 “No oprimirás a tu prójimo, ni le robarás. El salario de un jornalero no ha de quedar contigo toda la noche hasta la mañana.
14 “No maldecirás al sordo, ni pondrás tropiezo delante del ciego, sino que tendrás temor de tu Dios; yo soy el Señor.

15 “No harás injusticia en el juicio; no favorecerás al pobre ni complacerás al rico, sino que con justicia juzgarás a tu prójimo.
16 “No andarás calumniando entre tu pueblo; no harás nada contra la vida de tu prójimo; yo soy el Señor.

17 “No odiarás a tu hermano en tu corazón; podrás ciertamente reprender a tu prójimo, pero no participarás en el pecado de él.
18 “No te vengarás, ni guardarás rencor a los que son de tu pueblo, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo; yo soy el Señor.

No se necesita más esfuerzo para no creer que para creer. Sólo se necesita mirar y encontrar las evidencias que fundamenten la verdad.

Creer la verdad no necesita recompensa externa.
Creer la verdad es medicina al alma, porque es un acto de raciocinio, de alineación de la mente, el corazón y la voluntad con la realidad. Este alineamiento necesariamente genera paz, plenitud, y libera el gozo de la vida.

Lo que creemos no tiene el poder de cambiar los hechos y las evidencias, pero nuestra fe o falta de fe afecta nuestra experiencia ante la realidad de los hechos y las evidencias. Por ejemplo, creer que Dios te ama no hace que sea verdad (es verdad aunque no lo creas), pero creer que el amor de Dios es verdad significa que Su amor se convierte en una experiencia real para ti.

Esto es un llamado a santificar lo cotidiano.

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