La paciencia: esa virtud que da fuerza
A veces sé que hice todo lo que pude para lograrlo y eso es todo mi consuelo. Ahora lo que me toca es mantenerme firme, es ser paciente.
Ser paciente es la parte más difícil del proceso.
La mucha actividad nos hace sentir seguros, nos da la sensación de que estamos logrando algo aunque no estemos logrando nada. Es una sensación engañosa que nos lleva a cualquier parte y a ningún lugar.
La paciencia es la capacidad para soportar dificultades y mantenerse sano y equilibrado.
La paciencia es lo único que nos queda cuando no hay nada más que hacer. Cuando todo parece fuera de control, la paciencia es nuestra fortaleza para soportar hasta que tener éxito. La paciencia saca sus fuerzas de muchas fuentes, la paciencia es el fruto de cultivar la disciplina, la visión, la esperanza y la fe.
En la parábola del sembrador, Jesús dijo que aquellos que perdieron la semilla de la palabra a causa de las tribulaciones y dificultades de la vida, carecían de raíz.
Mt 13.5,6 ” Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.”
Mt 13.20,21 “Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.”
No estaban convencido de la verdad en su corazón. Estos son los de terreno pedregoso que, cuando escuchan la palabra, la reciben con alegría; y como no tienen raíz en sí mismos solo soportan por un tiempo. Después, cuando la tribulación aparece por causa de la palabra, inmediatamente tropiezan.
(Note que Jesús dice que la tribulación viene por causa de la Palabra, no viene por causa suya; lo que los problemas y tribulaciones tratan de sacar del corazón es la Palabra, no tratan de sacar una mejor versión suya aunque esto pueda ocurrir).
La paciencia está relacionada con la visión y el llamamiento. Una persona con visión divina y convicción de su llamado tiene raíces profundas en el corazón. Sabe con certeza inquebrantable de que el final está asegurado.
Si conocemos la visión y propósitos de nuestra vida nuestro corazón quedará arraigado al punto de que jamás nos daremos por vencidos cuando vengan las dificultades. Si perdemos de vista el propósito de nuestra vida, las dificultades se vuelven demasiado grandes como para continuar. Se vuelven más grandes en nuestra mente que lo que realmente son.
Cuando una persona que se enfoca en el propósito de su vida tendrá poco tiempo para prestarle atención a las dificultades.
El apóstol Pablo, había sido golpeado, encarcelado, traicionado, calumniado, sufrido naufrágios en altamar, y se refirió a su sufrimiento como “leve aflicción”. Este hombre, obviamente, experimentó algo que lo movió más que sus dificultades. Él tuvo la misión de llevar el evangelio al mundo, esa fue su vocación y su destino. Estaba tan arraigado en su corazón que no podía ser arrancado por las dificultades de la vida.
Al hablar de su capacidad para soportar dificultades (esto es paciencia), Pablo dijo: “No miramos las cosas que se ven, sino las cosas que no se ven” (2 Co 4:18).
La persona que ve el final desde el principio tendrá la paciencia necesaria para soportar las dificultades y tribulaciones en la vida. Quien puede ver el final desde el principio tiene una fuerza que otros no pueden ver ni percibir.

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