La negatividad constante

La negatividad

“El corazón alegre es buena medicina, pero el espíritu quebrantado seca los huesos.” Pr 17:22

Todos tenemos sentimientos negativos, pero no toda la negatividad crea condiciones para desarrollar enfermedades. Para desarrollar una enfermedad, las emociones negativas tienen que ser fuertes, frecuentes y dominantes.
En mi práctica de vida he aprendido que lo que acelera el proceso de desarrollo de una enfermedad en el cuerpo es el conocer que una actitud o pensamiento negativo es dañino pero de todos modos permitirle crecer dentro de la conciencia.
El permiso consciente de un estado negativo es lo que necesita la enfermedad para desarrollarse.

Por ejemplo, quizá usted sabe que necesita perdonar a alguien, pero simplemente decide permanecer enojado porque siente que le da más coraje. Permanecer enojado lo hace más propenso a una enfermedad porque la consecuencia de una obsesión negativa es la impotencia, siente que su salud poco a poco se deteriora, ya no tiene fuerzas. Las actitudes que generan una sensación de impotencia llevan a una baja autoestima, agotan el cuerpo físico y debilitan la salud, entre otras.

Desde el punto de vista de Cristo, no es natural ver a las personas como enemigos, o ser enemigo de usted mismo. Las relaciones negativas generan mucha negatividad.

En cuanto a relaciones interpersonales, la negatividad impide ver el propósito de Dios en relaciones que elegimos interpretar negativamente.
La solución está en vivir lleno del Espíritu Santo, tener tiempo para Dios, tiempo para la gente y tiempo para uno mismo.

Cuando el tiempo para uno mismo es un tiempo dinámico de intercambio con Dios en las tareas diarias se abre la puerta a la vida.
“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.” Ecl 3.1


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