La naturaleza del conflicto en la mente

La verdadera naturaleza del conflicto en la mente.

2 Co 10.4-6
“4 porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas,
5 derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,
6 y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta.”
 
La mayoría de las batallas que tenemos son el producto de lograr agendas personales basadas en motivos egoístas. Uno debe preguntarse si la causa más noble por la que luchamos es a menudo la de nosotros mismos. Aunque nos hemos vuelto bastante hábiles para articular tales causas con ropaje cristiano, como si fuera en bien de los demás en realidad somos demasiado temerosos para involucrarnos de verdad en la tarea del mejoramiento humano. O nos vemos atrapados en modas deslumbrantes, o tendencias culturales, o agendas políticamente correctas que nos impulsan a unirnos porque tenemos miedo a hacer el ridículo, o no soportamos que nos rechacen, o simplemente no queremos gastar la energía que se necesita para trabajar un poco en la agudeza mental y encontrar la lógica de nuestros pensamientos y acciones posteriores.
Puede pasar que nos sentimos demasiado inseguros como para creer en nuestra capacidad para comunicarnos correctamente, o demasiado inadecuados para soportar el desafío sin perder los valores mayores: amor, fe y esperanza.
Cualquiera que sea el caso, muchas de nuestras batallas son superficiales en el mejor de los casos y en el peor de los casos generan mentalidad de rebaño.
 
Pareciera que los principios más elevados sólo nos atraen más cuando nos retan pero una vez comprometidos nos desalienta la misma grandeza de ellos. Es extraño que tengamos una pasión encomiable por cosas grandes hasta que esas mismas cosas nos llaman a nosotros a la grandeza. Hacer cosas grandes ineludiblemente nos convierten en un ser más grande. No sueñe pequeño.
Aún no hemos entendido que la grandiosidad no se debe observar desde la distancia emocional donde nos sentimos falsamente seguros. Las cosas grandes exigen que nos involucremos y nos atrapan. 
Obviamente, todo esto nos llevará a experimentar el cambio y será incómodo porque tratamos con algo fuera de nuestro paradigma, moverá nuestros límites más alla de lo que hemos tediosamente diseñados y nos quitará deliberadamente lo que sea que nos impida movernos del lugar donde nos hemos quedado estancados.
La grandeza es atractiva pero a la vez radical.

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