“Un árbol bueno no puede dar frutos malos, ni un árbol malo puede dar frutos buenos… Igualmente, por sus frutos los conocerás” (Mt 7.18,20).
Somos en gran parte el producto de nuestros pensamientos y nuestras reacciones manifiestan nuestras creencias.
Las creencias se reciben a través de doctrinas, no importa si uno mismo se las inventa a partir de las experiencias personales o las recibe a través de personas que estima.
Una sana doctrina de la Sagrada Escritura bien interpretada, no producirá malos frutos en la vida de aquellos que la practican sinceramente, al contrario, asegura Jesús que producirá buenos frutos.
Jesús fue muy explícito con respecto a lo que quiso decir con “buenos frutos”. Sus verdaderos discípulos, insistió Jesús, son los pacificadores, los que traen la reconciliación, los que ponen la otra mejilla y llevan la carga una segunda milla, los que aman a sus enemigos y se sobrellevan unos a otros (Mt 5.9, 38–48). De manera similar el “fruto del Espíritu”, incluye (entre otras virtudes) “amor, gozo, paz, paciencia, y amabilidad” (Ga 5.22).
Contrario a este fruto “las obras de la carne” incluyen enemistades, pleitos, conflictos, celos, enojo, peleas, divisiones”(Ga 5.20).
La sana doctrina, la Escritura interpretada según la enseñanza de Jesús, no produce frutos malos en las vidas de aquellos que la practican sinceramente. De ahí que considero los actos de persecución cometidos por la iglesia cristiana como un síntoma irracional, un tipo de error doctrinal o teológico con consecuencias nefastas.
Que predicadores inseguros usen el miedo para controlar a sus congregaciones no justifica su postura ni se acerca al evangelio de reconciliación que Cristo predicaba: el evangelio de paz.
Diga no a la religión del miedo. Hay millones de razones para servir a Dios, serle fiel, amarle y vivir en paz con nuestro prójimo por amor y no por temor.
1 Jn 4.18 DHH
Donde hay amor no hay miedo. Al contrario, el amor perfecto echa fuera el miedo, pues el miedo supone el castigo. Por eso, si alguien tiene miedo, es que no ha llegado a amar perfectamente.
1 Jn 4.18 NVI
Donde hay amor no hay temor, el amor perfecto echa fuera el temor. El que teme espera el castigo, así que no ha sido perfeccionado en el amor.
Reconozco la complejidad del asunto, el beneficio del miedo en frenar a las personas de cometer actos deplorables, el cómo los políticos usan el terror para manejar las masas, etc. Sin embargo, jamás quedarán en libertad los que hacen contratos en la carcel del miedo. La libertad es un bien inmejorable.
Pensemos cuál es el resultado de nuestras ideas, y si nuestras doctrinas han producido la calidad de vida que deseamos. Sino, seamos sinceros, cambiemos nuestra manera de pensar y cambiará nuestra manera de vivir, Rom 12.2.
Todas las ideas tienen consecuencias.
Los buenos frutos son resultado de sana doctrina

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